Consentimiento Informado

Francisco J. Monedero Martín
Asesor Jurídico Colegio de Dentistas de Sevilla
 
La organización colegial de los dentistas, a través de su Consejo General, pone a disposición de toda la colegiación la aplicación CONSIN que permite la elaboración de modelos de consentimientos informados personalizados de cada paciente (Solicitar las claves al Colegio).
 
De una forma sencilla se introducen los datos del paciente obtenidos a través de su anamnesis y en función del tratamiento propuesto, la aplicación permite obtener un modelo de consentimiento informado que, salvo modificación del estado o del tratamiento, reúne los requisitos exigidos por la lex artis profesional, los tribunales de justicia y la propia legislación sobre la materia.
 
Aconsejamos encarecidamente su uso, ya que el consentimiento constituye una exigencia ética y legalmente exigible. Sin perjuicio de ello, a continuación, se exponen unas breves notas sobre el consentimiento informado que pueden ser de interés para la colegiación.
 
OBLIGACIÓN LEGAL
Se define legalmente el consentimiento informado como la conformidad libre, voluntaria y consciente de un paciente, manifestada en el pleno uso de sus facultades después de recibir la información adecuada, para que tenga lugar una actuación que afecta a su salud.
Informar al paciente, como requisito o exigencia previa para la validez de su consentimiento al tratamiento propuesto constituye, no solo una obligación ética desde el punto de vista profesional, sino que además constituye una obligación legal contemplada en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica ( https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2002-22188 )
 
CONSENTIMIENTO POR ESCRITO
La ley establece que por regla general el consentimiento informado será verbal, salvo determinados supuestos que deberán ser por escrito. Se trata de casos de intervención quirúrgica, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, aplicación de procedimientos que suponen riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente.
 
Sin embargo, desde el momento en que se exige al dentista el tener que demostrar ante un juez, por ejemplo, que efectivamente ha informado al paciente, la constancia por escrito de esa información y de ese consentimiento es esencial para acreditar el cumplimiento de su obligación ética y legal.
 
Por tanto, es absolutamente recomendable, y me atrevería a decir casi exigible, que tanto la información como el consentimiento del paciente conste siempre por escrito. Si no se hace así se correrá el riesgo de no poder acreditar que realmente se informó y tampoco se podrá acreditar el alcance de dicha información, pues en la mayoría de los casos será la palabra del dentista frente a la del paciente o sus familiares.
 
DE QUÉ HAY QUE INFORMAR
Con carácter general, la ley de autonomía del paciente indica que el dentista proporcionará al paciente, antes de recabar su consentimiento escrito, la información básica siguiente:
a) Las consecuencias relevantes o de importancia que la intervención origina con seguridad.
b) Los riesgos relacionados con las circunstancias personales o profesionales del paciente.
c) Los riesgos probables en condiciones normales, conforme a la experiencia y al estado de la ciencia o directamente relacionados con el tipo de intervención.
d) Las contraindicaciones.
Cuanto más dudoso sea el resultado de una intervención más necesario resulta el previo consentimiento por escrito del paciente.
 
QUÉ DICEN LOS TRIBUNALES SOBRE EL CONSENTIMIENTO INFORMADO
El consentimiento informado es presupuesto y elemento esencial de la lex artis y como tal forma parte de toda actuación asistencial.
Constituye una exigencia ética y legalmente exigible.
Es equiparable a un derecho fundamental reconocido en la Constitución Española.
Se contempla como derecho básico a la dignidad de la persona y autonomía de su voluntad. 
Es un acto que debe hacerse efectivo con tiempo y dedicación suficiente y que obliga tanto al profesional responsable del paciente, como a los profesionales que le atiendan durante el proceso asistencial.
Tiene como fin que el paciente pueda adoptar la solución que más interesa a su salud. 
Hay que hacerlo de una forma comprensible y adecuada a las necesidades del paciente para permitirle hacerse cargo o valorar las posibles consecuencias que pudieran derivarse de la intervención sobre su particular estado, y en su vista elegir, rechazar o demorar una determinada terapia por razón de sus riesgos e incluso acudir a un especialista o centro distinto. 
El consentimiento informado incluye el diagnóstico, pronóstico y alternativas terapéuticas, con sus riesgos y beneficios.
Presenta grados distintos de exigencia según se trate de actos médicos realizados con carácter curativo o se trate de la llamada medicina satisfactiva. En relación con los primeros puede afirmarse con carácter general que no es menester informar detalladamente acerca de aquellos riesgos que no tienen un carácter típico por no producirse con frecuencia ni ser específicos del tratamiento aplicado, siempre que tengan carácter excepcional o no revistan una gravedad extraordinaria
Incluye como información básica los riesgos o consecuencias seguras y relevantes, los riesgos personalizados, los riesgos típicos, los riesgos probables y las contraindicaciones.
La información debe ser objetiva, veraz, completa y asequible, y comprende las posibilidades de fracaso de la intervención, es decir, el pronóstico sobre la probabilidad del resultado, y también cualesquiera secuelas, riesgos, complicaciones o resultados adversos que se puedan producir, sean de carácter permanente o temporal, con independencia de su frecuencia.
 
MODELOS DE CONSENTIMIENTO INFORMADO
El Tribunal Supremo ha declarado que el consentimiento prestado mediante documentos impresos carentes de todo rasgo informativo adecuado no sirve para conformar debida ni correcta información. 
Respecto a los formularios generalizados considera que son documentos ética y legalmente inválidos que se limitan a obtener la firma del paciente pues aun cuando pudieran proporcionarle alguna información, no es la que interesa y exige la norma como razonable para que conozca la trascendencia y alcance de su patología, la finalidad de la terapia propuesta, con los riesgos típicos del procedimiento, los que resultan de su estado y otras posibles alternativas terapéuticas. 
 
Por eso, desde el Colegio de Dentistas de Sevilla recomendamos a todos los colegiados el uso de la aplicación CONSIN elaborada por la organización colegial que permite elaborar una información personalizada de los riesgos de cada uno de los tratamientos.
Sevilla, abril de 2019